Nonsense

Charlas, conferencias, convenciones, talleres, meetups, openspaces, desconferencias, tralarí, tralará...

Nos dejamos llevar. El otro día leía un artículo medianamente interesante sobre cómo el ambiente de un equipo y sus estándares de calidad se van deteriorando poco a poco hasta llegar a los límites más bajos admisibles por todo el equipo… e incluso más bajos. Es la disipación contrasinergética de la que algún día escribiré 1).

Llevo un tiempo, unos cuantos años, siguiendo -con mayor o menor implicación y/o interés- el circuito de eventos (charlas, conferencias, convenciones, talleres, meetups, openspaces, desconferencias, tralarí, tralará…) del mundo del desarrollo de software.

Vayan por delante dos cosas:

  • Sé lo mucho o poco que cuesta organizar algo. Hace ya 20 años organicé con unos amigos un evento de 3 días con una asistencia de unas 2000 personas. No es algo de lo que hable, salvo con aquellos amigos, y por supuesto que mi valoración puede ser más o menos correcta, pero quede ahí dicho que lo que es :)
  • No pretendo, de ningún modo, poner en duda el esfuerzo ni el valor 2) de nadie. Ni siquiera cuando mencione a alguna persona o evento como ejemplo concreto.

Aclaradas estas cosas, tengo que confesar que me entristece enormemente cómo han ido evolucionando y a lo que estamos llegando en muchos casos.

30 minutes or less

Ayer fui a una charla sobre Vehículos Acorazados en mi Escuela. Lamentablemente he estado bastante desvinculado de ella desde hace años, pero de vez en cuando me gusta volver y ayer fue interesante e instructivo. La charla tenía una hora de comienzo, pero no decía nada del fin. Nadie dijo -ni tampoco nadie preguntó- cuánto duraba. Al final fueron unas dos horas y media más o menos. Solo lo sé porque al salir tuve que mirar la hora para ver si ir a una entrada de metro o a otra.

Esta mañana me ha llegado el aviso de que se abre el periodo de propuestas para JSDayES. Me puede gustar más o menos, pero indudablemente parece bien organizado; tiene unas guías y normas para proponer y para preparar las charlas que, como mínimo, da impresión de haber sido trabajadas. Lo último (casi, en realidad es la penúltima frase) que dice después de todas las explicaciones, ánimos, sugerencias, normas, etc, es:

Las charlas deberán tener una duración máxima de 30 minutos.

30 minutos o menos. Me recuerda la oferta de las pizzas que pedían de vez en cuando en el dorm en la universidad. Si nuestro ponente se pasa de 30 minutos, te devolvemos tu tiempo. Esto no es sólo cosa de JSDayES, en absoluto. Hace unos años empezaba a ser habitual dar 1 hora, donde hace más años era relativamente habitual que fueran dos o una y media. En algunos sitios empezaron a ajustar, por aquello de los tiempos intermedios y decían 55 minutos. Luego fueron 45. Ahora estamos en que es bastante habitual dar 30-35 minutos. Generalizo, lo sé, pero es bastante habitual y parece claro que los tiempos se han ido reduciendo paulatinamente. 3)

30 minutos para una charla técnica es bastante ridículo 4). En 30 minutos en realidad se pueden decir bastantes cosas, sí. El problema es que casi nada de lo que se diga puede pasar de ser algo superficial y carente de detalle técnico. Ojo, no dudo que en 30 minutos se pueda articular perfectamente un mensaje de forma coherente. De lo que hablo es del nivel de detalle técnico al que se puede llegar en 30 minutos frente a una audiencia abierta.

Esto ha llevado a la primera de las transformaciones: La mayoría de charlas han abandonado el detalle técnico para evolucionar a algo más superficial.

Hay variaciones en cómo se manifiesta esta superficialidad y creo que incluso se forman algunos arquetipos.

Charlas "No pretendo..."

Una forma de reaccionar es asumir esa superficialidad y empezar planteando que en ningún momento se pretende siquiera intentar entrar en ningún detalle. Que la charla es meramente inspiradora, que es sólo es para dar una idea general y para “despertar interés”. También la hay evangelizadoras, para que sepas que ha venido tu salvador. No cómo te va a salvar ni nada, pero que por lo menos sepas que tu salvador está ahí. Y en algunos casos, que puedes comprarlo a módico precio en forma de curso, libro, producto, o lo que sea.

The ComoMolo Talks (o "I Maed Dis")

Está bien sentir ese orgullo, orgullo de enseñar lo que has hecho, porque está claro que le tienes cariño. Está muy bien, de verdad. Incluso cuando el mérito no sea completamente tuyo, o cuando lo que has hecho no es exactamente como para estar orgulloso.

En serio, está bien tener charlas en las que alguien enseña lo que ha hecho. Pero… si sólo enseñas qué has hecho, pero no hay ningún detalle de cómo o por qué lo has hecho, no tengo tan claro que sea muy productivo. ¿Entretenido? Bueno, sí, quizá sí. Pero entonces no es una charla técnica, sino un mero espectáculo de humo y luces, de farándula y entretenimiento, casi siempre impregnadas de lucimiento personal que es como los lens flares de las pelis de moda.

Charlas Resistiré

Estas me dan un poco de pena. En serio, empatizo mucho con estas personas. Es gente que, a pesar de todas las limitaciones del entorno intentan que la charla sea realmente técnica. Y entonces se ven empujados a la vorágine de la velocidad. Y cuando intentas "Amar deprisa, amar de pie, no sé por qué" no todo es fácil de seguir, de entender, de mantener coherente. Código que va pasando vertiginosamente acompañado de un compungido “Lo paso deprisa porque…”. Es tristemente simpático ver cómo en la mayoría de casos esos puntos suspensivos nunca pasan a presentar un motivo. Son poco más que una imploración: “Lo siento, yo quería más tiempo. Yo me quedaría aquí horas, pero a la media hora ¡me sueltan a los perros!”.

Trocitos de hierro y cromo

Estas, en sí mismas, funcionan. El truco está en que se enfocan sólo en una parte pequeñita. Si luego hace falta, se hacen más charlas para otras partes o se dirige a la gente a un curso o libro complementario. La charla en sí se centra sólo en un aspecto del problema, en una parte del problema, en una fase del proceso, en… Sea como sea, es cierto, funcionan. Quizá sean de lo poco que funciona.

Mientras tanto, en otro lado de la ciudad

Y mientras todo esto ocurre, mientras evolucionamos a esas charlas superficiales, carentes de detalle, carentes demasiadas veces de un mensaje, de una enseñanza, otras cosas también van cambiando.

Olvidamos, por ejemplo, las diferentes formas de conversación. Todo tiende al monólogo. Esta mañana, en el maravilloso mundo de Twitter, unas (pequeñas, eso sí) hordas estaban linchando públicamente el derecho de crítica. Que personalmente, más que como derecho lo veo como un deber ciudadano, el deber de la crítica responsable. Ah, el deber y la responsabilidad… armas elegantes de una era más civilizada, quizá. Pero no divaguemos con conceptos morales… Linchaban, decía, el derecho de crítica.

El argumento va “más o menos” así:

Estas son nuestras verdades: La persona que da la charla es intocable; hace un esfuerzo inconmensurable preparando la charla; realiza un acto de valor heroico al exponerse públicamente; es perfectamente humilde y consciente de no ser infalible, pero no está ahí para defender lo que diga.

Oh, sí, exagero. Por supuesto que exagero. A lo mejor me burlo porque soy mala persona 5). Probablemente no he entendido nada, también 6).

Bien, exagero. Pero exagero mucho menos de lo que se pueda imaginar. En el fondo, he leído comentarios reales de personas argumentando exactamente esto. Cosas como que el ponente no tiene que justificar lo que dice. Que preguntas que incluyan la opinión del que pregunta no son aceptables. Que no se pueden hacer comentarios que corrijan al ponente.

El argumento general es que la charla es del ponente y por tanto este puede decir lo que quiera. Que es un argumento muy interesante porque la misma gente que lo defiende como su argumento fundamental, no duda en matarlo cuando el ponente dice algo que no les gusta… No sé, digamos que pongan una imagen o hagan un comentario “políticamente incorrecto” 7), podría apostar cualquier cosa a que la primera baja en ese caso sería este argumento tan fundamental e inviolable. En fin…

Nota: No defiendo con esto, ni muchísimo menos, la falta de respeto… o de simple educación. Ese es otro tema. Las cosas se dicen con respeto y con educación o no se dicen. Pero cómo se digan es ortogonal 8) al contenido de lo que se dice.

¡Las víctimas! ¿Nadie piensa en las víctimas?

Lo peor de todo es que la víctima real no es ni siquiera “la conferencia o charla técnica”. Estas son daños colaterales. Lo que realmente estamos matando es la capacidad de dialogar, de mantener conversaciones.

Un síntoma evidente es que, por ejemplo, nadie comprenda que no puedes pretender que una sesión de un openspace sea un debate si la persona que presenta directamente expone su caso concreto como introducción de la sesión y si esa persona se sitúa a sí misma en el foco de la sesión. Porque parezca que no supiéramos qué es un debate. Porque ni siquiera nos damos cuenta de estas cosas. Porque parece que no entendemos las geometrías de las conversaciones. No entendemos que una charla es esencialmente asimétrica y en la mayoría de casos unidireccional. Y si lo único que cambiamos es la posibilidad de hacerla bidireccional, sigue siendo fundamentalmente asimétrica. Y que nunca se convertirá en un debate si no está planteada como un debate.

Más aún, no entendemos que si efectivamente abrimos la bidireccionalidad de una charla ofreciendo la opción de hacer preguntas, entonces -dentro de los límites de la educación y el respeto, sí, claro- debemos por fuerza aceptar cualquier intervención. No aceptar ciertas preguntas porque no ayudan al lucimiento del ponente 9) o porque “disminuyen el valor” de la charla, es convertir ese “turno” de preguntas en un paripé, en un teatrillo de marionetas 10), un fingimiento vacuo e inútil que sólo pretende la momentánea satisfacción de un onanismo compartido. Solo queremos esas preguntas que se responden con un “Me alegra que me hagas esa pregunta” pero no esas otras incómodas que suelen necesitar una admisión de algún tipo de limitación o matiz. I fart in your general direction.

Everyone can fly

Esto tampoco ayuda, sinceramente. Siempre estoy a favor de dar oportunidades, y sinceramente si hay algo de lo que esté cansado es de ver los mismos nombres en todos los eventos 11). Pero esta idea general de que todo el mundo puede volar no ayuda a nadie. Ni a los que están ni a los que no están. Ni a los grupos infra-representados que buscan oportunidades, ni tampoco a los sospechosos habituales, tan habituales a veces como sospechosos.

Estos altavoces que damos y que cogemos, son herramientas que necesitan un aprendizaje y necesitan un uso responsable. Tratar de sobre-proteger a cualquiera para que “si quiere” salga ahí y diga “lo que quiera” sin consecuencia, ayuda tan poco al progreso de todos como el no volver a hacer ningún evento nunca. Deberíamos prestar esos altavoces a quienes tengan un mensaje que ayude al progreso común. Y deberíamos ayudar a que, quien use ese altavoz, lo haga de forma que nos ayude a todos.

Y partiendo de que el objetivo que queremos todos, individualmente y como colectivo, es mejorar todos, individualmente y como colectivo, eliminar las opciones de crítica es, con toda seguridad, una de las peores decisiones que podríamos tomar. Que sea una decisión tan aceptada es uno de los principales motivos que me llevan a pensar que todo esté mal 12).

Haz lo que debas

No tengo más conclusión, en realidad: Haz lo que debas. Si crees que es tu deber como técnico responsable corregir algo que crees que está mal, hazlo. Con educación, pero hazlo. Con respeto, pero hazlo. Y si quieres que tu debate sea debate, hazlo. Y si crees que tu objetivo es que todos aprendamos, haz todo lo posible para que todos aprendamos de la mejor forma posible.

Si crees que tu deber es lucirte tú, defender tu idea solo porque es tuya, dar espectáculo y entretenimiento, ignorar las críticas que no te gusten, o lo que sea… Hazlo también. Sí, en serio. Hazlo. Si crees que ese es tu deber, hazlo. No estaré de acuerdo contigo, pero tú haz lo que tú crees que debes hacer. 13)

1)
O mucho más probablemente jamás escriba
2)
ojo: que no he dicho “valentía”, sino valor
3)
Ni siquiera menciono las “micro-charlas” de 10 o incluso 5 minutos, que son poco más que un “Hola; si alguien quiere hablar conmigo de este tema le espero fuera en la calle; gracias; adiós; por favor, que alguien hable conmigo; gracias; adiós”.
4)
Y en algunos casos también para una charla no-técnica
5)
Aclaro que no, no me burlo aunque seguramente sí que soy mala persona; el jurado aún está deliberando, pero el veredicto parece claro
6)
Aclaro que sí que he entendido, gracias; si ese es tu argumento quizá mejor lo dejamos; nunca me meto en una pelea de ingenio contra un enemigo desarmado
7)
que además, si lo piensas “políticamente correcto” es una contradicción en sí mismo: ¿Desde cuando existe un político que sea “correcto”? Ah, pero mejor no nos metamos en política, gonzito…
8)
¡Mira, Mamá! ¡He usado la palabra “ortogonal”! ¡De mayor quiero ser como yo!
9)
“Es su momento”, he oído decir múltiples veces
10)
Me gusta usar la palabra “teatrillo” porque es una palabra que provoca despidos y eso siempre es gracioso
11)
Generalmente diciendo además las mismas cosas todo el rato
12)
Vale, un poco forzado; pero tenía que contrarrestar el enlace de más arriba con un poco más de Gigolo Aunts
13)
En el fondo, es muy probable que no estar de acuerdo conmigo sea un excelente criterio para hacer las cosas en la vida. Yo mismo lo uso a veces.